Hoy en Qualton hicimos una dinámica muy sencilla: construir nuestra línea de tiempo.
Fuimos poniendo fechas, proyectos, mudanzas, logros, momentos difíciles y personas.
Y mientras avanzábamos, me cayó el veinte de todo lo que hemos recorrido.
Hace 33 años comenzamos prospectando desde un teléfono público en la Ciudad de México.
Teníamos muchísimo entusiasmo, muchas ganas de trabajar… pero muy pocos recursos.
Hoy somos una empresa completamente digital, más esbelta, con tecnología que nos permite trabajar de una manera que entonces ni siquiera imaginábamos y con la capacidad de atender proyectos y clientes internacionalmente.
Entre aquel teléfono público y lo que somos hoy hay 33 años de historias.
En 1994 nos convertimos en socios de AMPROFEC.
Años después fuimos elegidos como empresa mexicana para representar y distribuir en México una marca sueca internacional como Expand, una relación que hemos cultivado y que continúa hasta nuestros días.
Después llegaron otras marcas internacionales que también vieron en nosotros una oportunidad para desarrollar sus productos en México.
Y seguimos creciendo.
Nos mudamos varias veces. Durante muchos años, cada cambio de oficina tenía prácticamente la misma explicación: ya no cabíamos.
Hasta que la tecnología también transformó nuestra manera de crecer.
Entendimos que una empresa más grande no necesariamente necesita más metros cuadrados. Puede ser más esbelta, más eficiente, más digital y, al mismo tiempo, tener la capacidad de llegar mucho más lejos.
Pero hoy, viendo nuestra línea de tiempo, entendí que los grandes momentos de Qualton no solamente están marcados por productos, oficinas, ventas o proyectos.
Están marcados por personas.
Por clientes que confiaron en nosotros desde el principio y que, 20 o 30 años después, siguen siendo nuestros clientes.
Algunos incluso han cambiado de compañía y nos han llevado con ellos.
No sé si existe una mejor forma de medir la fidelidad y la confianza.
Y también están las personas que han construido Qualton desde adentro.
Leti Montiel, con quien tuve el privilegio de compartir 30 años de trabajo. Hicimos carrera juntas y verla cerrar esa etapa con una jubilación digna fue uno de esos momentos que me hicieron entender que una empresa también se construye acompañando el crecimiento de las personas.
Gema Villalobos, fiel creyente de este proyecto y una pieza invaluable en nuestra historia. Si existe un proyecto complicado, de esos que parecen imposibles, Gema es de las personas que encuentra cómo sacarlo adelante. Aunque ya se jubiló, continúa apoyándonos desde su trinchera, porque hay vínculos con un proyecto que van mucho más allá de un puesto de trabajo.
Verónica Puga, quien durante años ha sido una verdadera punta de lanza comercial. Su fidelidad y compromiso con Qualton han estado presentes tanto en los momentos de crecimiento como en los tiempos difíciles. Ha llevado proyectos y clientes con enorme profesionalismo y, con resultados, constancia y pasión, se ha ganado un lugar muy especial en nuestra historia como una de las mejores vendedoras que ha tenido Qualton.
Carlos Salazar representa otra historia que me llena de satisfacción. Llegó como chofer mensajero y, gracias a sus habilidades, compromiso y crecimiento, hoy tiene bajo su responsabilidad áreas tan importantes como Recursos Humanos y Producción. Ver crecer a una persona dentro de la empresa también es una forma de medir nuestro propio crecimiento.
Y la historia continúa con quienes hoy están construyendo la siguiente etapa.
Vianey Puga, con su inteligencia, visión estratégica y esa capacidad extraordinaria para entender los precios y encontrar oportunidades para que nuestros productos tengan una mejor posición y visibilidad.
Maye, sostén fundamental de nuestro diseño, porque detrás de cada proyecto que nuestros clientes ven terminado existe muchísimo trabajo creativo, técnico y de detalle.
Sergio, cuya lealtad y disposición han estado presentes en tantos momentos de nuestra operación.
Ana Rosa Villalobos, acompañándonos desde finanzas y ayudándonos a construir una empresa cada vez más ordenada y preparada para lo que viene.
Y podría seguir mencionando nombres.
Porque también están quienes estuvieron un año, cinco, diez o veinte. Quienes hoy siguen con nosotros y quienes tomaron otros caminos.
Ventas, diseño, producción, logística, administración, finanzas, proveedores, colaboradores, socios y aliados.
Todos dejaron algo.
Y por supuesto, nuestros clientes.
Los que confiaron en nosotros cuando apenas comenzábamos, los que llegaron después, los que hoy nos permiten acompañarlos en México y en otros países, y también aquellos que todavía no conocemos.
Este aniversario llega en un año de muchos retos y muchos cambios.
Pero quizá por eso hoy me conmueve todavía más mirar hacia atrás.
Porque si algo nos han enseñado estos 33 años es que Qualton nunca ha tenido una sola forma.
Nos hemos transformado una y otra vez.
Cambiamos de oficinas.
Cambiamos procesos.
Incorporamos tecnología.
Llegamos a nuevos mercados.
Aprendimos.
Nos equivocamos.
Volvimos a empezar.
Y seguimos creciendo.
Hace 33 años teníamos un teléfono público, entusiasmo y muchas ganas de salir adelante.
Hoy tenemos tecnología, experiencia, relaciones internacionales y, sobre todo, una historia construida por muchísimas personas.
Gracias a cada colaborador que ha pasado por Qualton.
Gracias a nuestros proveedores y aliados.
Gracias a las marcas que confiaron en nosotros.
Y especialmente, gracias a nuestros clientes por permitirnos llegar hasta aquí.
Hoy celebramos 33 años de Qualton.
Y después de mirar nuestra línea de tiempo, me queda clarísimo que todavía tenemos muchísimo por escribir.
Gracias por ser parte de nuestra historia.
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